Me seduce tu mente, tu voz, tu gente.

Tu voz, tan pacífica, tan suave.

Me alimenta tu compañía, me llena, me engrandece y me da motivos cada día.
Quizás el pensar en lo efímero de la situación es lo que me avoca a querer sentirte más o quizás es simplemente tu energía lo que me vuelve inevitablemente adicto a buscar el contacto.

Y siento que me puedo pasar, y que debería parar.
He decidido que haré caso al impulso, a la energía que me atrae cual insecto a una luz que no acostumbra a ver, pero que cuando la siente, ya nada puede hacer para evitar el estar rondando alrededor.

Gracias por llenarme con tus días

También ahora sé que no era sólo tu energía, como algo personal, sino “esa energía”. La he recibido de más personas. Y no sé cómo gestionarla. Me inunda, me desborda, me llena, me alegra y me vuelve nostálgico al alejarme.

La noto. Rápido. Me recorre las venas. Y siento que la necesito. Más, ¡más! ¡Quisiera bañarme en ella a todas horas!

Curiosa energía. Curiosa adicción.

 

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