Y dejó de llover, y de granizar. ¡Vaya cómo granizaba! Y comenzó el desfile. De las casas salía cada vecina en dirección al huerto. Es nuestra comida, es el trabajo diario y en lo que piensas todos los días.

  • ¡Vaya granizada eh!
  • ¡Pues sí!
  • Si antes lo decimos a la tarde…
  • Ya decía yo que esas nubes venían enfadadas… Total, que tanto pedir lluvia, y al final nos ha venido, pero acompañada.
  • Bueno bueno, no digas nada, que buena falta nos hacía.
  • Pues sí, es verdad, que hay que ver que mes más seco acabamos de dejar.
  • ¡Bueno! Voy a ver el huerto, a ver qué tal le ha caído.
  • Yo también. Pobre Antonina, que justo hoy había estado plantando unas cebollas y unas judías…
  • Pues anda que Ramón, que se ha tirado toda la tarde regando… jaja
  • ¡Agua del cielo, no quita riego! Ya sabes el refrán.
  • Y bien cierto es. ¡Hasta luego!
  • ¡Hasta luego!

Y así se sucedían los encuentros por las calles, y el desfile se desperdigaba en cuando cada una andaba el camino hacia el huerto.

Por suerte no ha sido grave. Ni Antonina ni ninguna hemos tenido que lamentar pérdidas. Además, la lluvia que ha caído ha regado todo. Sobre todo las patatas, que buena falta le hacía.

¡Ay! Qué tiempos estos más secos…

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